INTERVENCION EN EL CONSEJO NACIONAL DEL PRD

CNR CONSEJO11Se reúne este Consejo Nacional en momentos difíciles para el país y también para nuestro partido.


Un acontecimiento dramático y doloroso hace dos meses fue como una gota que derrama un vaso en el que se había acumulado la inconformidad, el hartazgo, la frustración y la indignación de amplios sectores de la población. Durante décadas se acumularon rezagos, reclamos, desigualdades, violencia e impunidad que lastimaron a mucha gente.

 

La violencia de la delincuencia organizada en amplias regiones del país se desbordó, ante la incapacidad de gobiernos municipales, estatales e incluso el federal para contenerla y combatirla. En regiones de Tamaulipas, Jalisco, Edo. de México, Guerrero y Michoacán, por mencionar los más preocupantes, los delincuentes han atrapado a gobiernos municipales poniéndolos a su servicio por la fuerza o por complicidad. Ningún partido político está a salvo de esta acción criminal. Pero nunca había ocurrido que llegara a los extremos de Cocula e Iguala en Guerrero.

Lo que sucedió en ese estado ha cimbrado al país y lastimado a nuestro partido. Un presidente municipal postulado por el PRD terminó siendo parte de la delincuencia, que con brutalidad y salvajismo ha asesinado y desaparecido a jóvenes estudiantes en un hecho sin precedentes que ha conmocionado a México y al mundo.

De lo ocurrido aún no se sabe toda la verdad. La lentitud de las autoridades, la falta de credibilidad en sus investigaciones y la información que se ha ido difundiendo poco a poco muestra que la tragedia pudo evitarse. Desde meses antes se tenía conocimiento en el gobierno federal de lo que estaba ocurriendo en esos municipios de Guerrero. Informes, reportes, averiguaciones, y más información fue entregada a la Procuraduría General de la Republica para que tomara en sus manos el caso y actuara, por ser competencia federal. Se sabía de acciones criminales, de presuntos involucrados, de autoridades participantes, de la actuación de grupos delincuenciales del crimen organizado, de la cooptación de policías municipales, y el aparato de inteligencia federal conocía, desde entonces, del incremento de la actividad delictiva en esa región derivada, entre otras razones, de un incremento de la producción de goma de amapola cuya exportación hacia los Estados Unidos creció notablemente.

Hoy seguimos preguntando; ¿Porque la autoridad federal no actuó a tiempo? ¿Por qué, teniendo conocimiento de lo que estaba sucediendo no realizaron acciones contundentes contra los delincuentes y autoridades municipales involucradas? Son preguntas que aún no tienen respuestas. La desaparición de los 43 jovenes y la falta de credibilidad en el informe rendido por la PGR, han movilizado a miles de ciudadanos en el país y en la ciudad de México. El reclamo y la indignación son grandes y las respuestas del gobierno insuficientes. Por eso es necesario un nuevo nombramiento en la titularidad de la PGR ante su evidente agotamiento para dar respuesta satisfactoria en la investigación de lo ocurrido en Iguala y Cocula. El endurecimiento del gobierno no es la respuesta a las protestas y reclamos, la cárcel no puede ser el destino de quienes reclaman derechos y piden justicia. Es una buena noticia que el día de hoy hayan sido puestos en libertad los 11 detenidos por los acontecimientos en la Ciudad de México, al no encontrar el juez pruebas suficientes que los involucraran en los actos violentos del 20 de noviembre. de la misma manera demandamos la libertad de los dirigentes yaquis procesados en el estado de Sonora por defender los derechos de su comunidad. Mantenerlos en prisión es un acto de injusticia inadmisible.

Nuestro partido ha pagado un alto costo por no haber actuado a tiempo ante los primeros indicios de que una autoridad municipal estaba coludida en acciones criminales. El prestigio y la autoridad del PRD han sido lastimadas y nos han colocado en la crisis más grave que hayamos tenido en 25 años de existencia.

Esta crisis no puede ser ignorada por este Consejo Nacional y por todo el partido. Muestra en lo que hemos fallado en estos años al no cuidar adecuadamente el desempeño de nuestros gobiernos. Exhibe la grave equivocación de haber priorizado como lo principal el éxito electoral sin detenernos a evaluar la trayectoria y el perfil de los candidatos que postulamos, y las consecuencias las estamos pagando. La disputa interna entre las corrientes reconocidas patrocinando candidatos afines sin tomar en cuenta otras consideraciones, ha llevado a que lo más importante sea ganar posiciones sin atender el desempeño de gobiernos o legisladores. Esta práctica no puede seguir. Debemos hacer un alto en el camino para reconocer lo que hemos hecho mal y asumir nuestras responsabilidades. Hay que cesar esa forma de procesar candidaturas y esta disputa irresponsable por colocar solo a los afines y no a los mejores hombres y mujeres que nos representen, atendiendo su trayectoria, capacidades y compromiso con la gente a la que nos debemos.

Hoy este Consejo Nacional debe aprobar el Protocolo para la recuperación de la ética política y la transparencia dado a conocer por el Comité Ejecutivo Nacional, para dar inicio a un conjunto de acciones preventivas que impidan que nos vuelva a ocurrir lo que tanto nos ha lastimado.

Hay otras consecuencias de esta crisis. En 25 años muchos han llegado a las filas del PRD y otros se han ido. En 1992 se dieron las primeras partidas. Reconocidos dirigentes de la izquierda decidieron no continuar con nosotros y buscaron otros caminos. Los éxitos electorales, al ganar gubernaturas, dieron la impresión de que se compensaba la pérdida. Luego las diferencias políticas y escándalos nacionales llevaron a otros a salir del partido. Pero hace unos días recibimos la renuncia de quien nos convocó a la formación de lo que hoy es el PRD, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas. Esta es una perdida mayor. El hecho de que desde hace 10 años no participara en los órganos directivos del partido, no disminuye la gravedad de su renuncia y ello nos debe llamar a reflexionar por qué ha sucedido esto.

Es una llamada de atención que debemos atender para corregir lo que sea necesario corregir e iniciar una nueva etapa en el largo proceso de construcción de nuestro partido.

A pocos meses de entrar al proceso electoral intermedio el PRD se cimbra con todos estos hechos. Dirigentes de todos los niveles, legisladores, funcionarios públicos, activistas, líderes sociales y miembros de nuestro partido estamos obligados a reconocer lo que nos está sucediendo y a iniciar un conjunto de acciones correctivas que nos permitan reconstruirnos, revincularnos con la sociedad, retomar el camino extraviado y a hacer las cosas de manera diferente de como las hemos hecho.

Necesitamos cambiar la dinámica de la disputa entre corrientes. Sí, es verdad, somos un partido plural y diverso. Tenemos orígenes muy diferentes y visiones del país y del partido no uniformes. Así hemos convivido 25 años, pero la dinámica que persiste de tratar de negociar todo y el permanente forcejeo por lograr mejores posiciones dirigentes y candidaturas a costa de lo que sea, no puede continuar. Si no cambiamos, nos iremos debilitando más y nuestros electores cambiaran de preferencia. Es mejor que lo entendamos y actuemos en consecuencia. Este esfuerzo no puede ser solo de unos cuantos. O lo impulsamos entre todos desde los órganos de dirección hasta la base del partido o pronto veremos las consecuencias. No tenemos derecho a debilitar un proyecto partidario que viene de muy lejos y que sigue siendo la esperanza de millones de mexicanos.

Si los dirigentes no estamos a la altura de las circunstancias no tenemos derecho a seguir dirigiendo este partido. Lo digo con claridad; o corregimos el rumbo y recuperamos la ética y autoridad política lastimadas, o seremos la generación responsable del mayor fracaso de la izquierda partidaria mexicana.

Todo esto ocurre en nuestro partido en medio de una situación nacional altamente preocupante. Décadas de insuficiente crecimiento económico, de profundización de la desigualdad social, de incapacidad de los gobiernos para superar altos niveles de pobreza extrema y marginación, de creciente corrupción y complicidad en los mandos gubernamentales han llevado al hartazgo de amplios sectores sociales, fundamentalmente los jóvenes, que han visto como se pierden sus expectativas de estudiar, encontrar un empleo, formar una familia y tener una vida digna. El deterioro del salario ha llevado al empobrecimiento paulatino de millones de trabajadores, que ven como cada día les alcanza menos para adquirir lo básico para sus hogares. En todos los estudios que se realizan las demandas de la gente son muy consistentes; mejor salario, empleo, educación y seguridad. No perdamos de vista esto; encabecemos estas demandas, comenzando con las medidas legislativas para desindizar el salario mínimo en todo el país como ya ocurrió en la Asamblea Legislativa del DF y con ello iniciar su incremento anual para recuperar su capacidad adquisitiva.

A lo anterior se ha sumado un nuevo factor. El deterioro de la autoridad del presidente de la República por todo lo publicado respecto a adquisiciones de bienes vinculados con empresas beneficiadas anteriormente con contratos en el Estado de México y en la actual administración federal, que llevo a la abrupta cancelación de la obra del tren México-Querétaro, que al tratar de ser explicadas, han generado mayor indignación y severas críticas a la actuación presidencial y ha deteriorado la imagen de su gobierno en el país y en el mundo.

Los esfuerzos del gobierno por superar esta situación no han sido exitosos. Hay la sensación de un extravío en el rumbo y la conducción del país. El desbordado optimismo mostrado en el segundo informe de gobierno ha quedado sepultado por la realidad. El desánimo en el gabinete es evidente, la falta de respuestas contundentes también. Y el paquete de medidas anunciadas por el gobierno para enfrentar la situacion resultan notoriamente insuficientes ante la gravedad de lo que se vive.

Por ello nuestro partido debe entrar a una nueva etapa en su actuación pública. Hay que colocar en primer plano el esfuerzo por reencontrarnos con la población y sus demandas.

Terminemos el año culminando nuestras tareas de organización internas e iniciemos el próximo volcados en todo el país en el contacto con los ciudadanos. Preparémonos para ir al encuentro con nuestros electores y presentar a las mejores candidatas y candidatos en la elección federal y en las locales. Afinemos nuestras formas de comunicación y construyamos la propuesta que refleje los intereses de la gente y sus preocupaciones. Llamemos a los dirigentes estatales y municipales a que convoquen a nuestros activistas para que se desplieguen en el territorio en la promoción de nuestra propuesta legislativa y de gobierno para recuperar el rumbo de nación. Levantemos el ánimo en nuestras filas para ir al encuentro con nuestros electores, asumamos una posición más crítica frente al gobierno como lo que somos; un partido de oposición de izquierda que critica, propone y construye soluciones. Un partido que le diga al poder lo que la gente no puede decirle directamente. Un partido que recupere lo mejor de su historia, de su lucha. Un partido que recupere su autoridad por su actuación, sus posiciones políticas y su sensibilidad.

Esas son nuestras tareas.

 

Carlos Navarrete Ruíz
Presidente Nacional del PRD